La Marca Hispánica

El emperador Carlomagno, líder del pueblo germánico de los francos, heredó en el año 768 el reino franco junto a su hermano Carlomán; la tirantez entre ambos hermanos era patente y solo la muerte de este último en el año 772 hizo que no estallase una guerra civil en el reino.

Así Carlomagno se vio libre de obstáculos para lograr sus designios, y estos eran fortalecer su reino y expandirlo lo máximo posible; para ello siguió una política agresiva que le llevó a guerrear contra los reinos vecinos y engrandecer sus posesiones a costa de los mismos.

Si el reino de Carlomagno era en esencia las fronteras de lo que hoy es Francia más otros territorios; gracias a su política expansionista llegó a ampliar sus fronteras hasta ocupar lo que hoy son las modernas naciones de Francia, Alemania, buena parte de Italia y partes de Hungría, Chequia, Austria y algún país más.

La expansión militar de Carlomagno se logró batallando con los países que hacían frontera con su reino; luchó con los sajones (y las numerosas revueltas a las que tuvo que hacer frente) hasta absorber su reino, también con los musulmanes en el sur de Francia, los lombardos en su conquista de Italia y conquistando el reino de los ávaros, en lo que hoy sería Austria y Hungría.

Para su expansión, Carlomagno contó con un ejército poderoso que en su época fue el más eficiente, a decir del historiador Alessandro Barbero:

“Anteriormente al ejército de Carlomagno, no existía un ejército profesional, y todos los hombres libres estaban obligados al servicio militar, tanto francos como los descendientes de los galorromanos. A ésta obligación la llamaban “heribán” (de “heri”, ejército en germano).

En las zonas fronterizas el servicio de vigilancia lo llevaban unidades estables. Algunos se libraban de la obligación militar mediante el pago de conmutas como suministro de ganado o cereal para alimentar las tropas. Estos soldados de leva llamados “conscripti” percibían una pequeña soldada pero a cambio debían procurarse su propio equipo militar, siendo el único beneficio la posible obtención de botín.

Según la capitular del 806 se reglamentó oficialmente un sistema que ya se venía practicando: por cada hombre que partía a la guerra (llamado “partant”, participante), había un cierto número de hombres de su aldea que a cambio de librarse del servicio contribuían a su sostenimiento y al pago de su equipo (llamados “aidants”, colaboradores).

Además la capitular del 808 permitió a los condes reclutar tropas privadas para proteger sus tierras pero los abusos que ello generó obligaron a ciertas investigaciones por parte de Carlomagno. Nos hallamos ante la eclosión de los ejércitos de tipo feudal.

Los efectivos de su ejército son difíciles de calcular. Existen datos que calculan cantidades aproximadas a partir del número de vasallos. Si el Imperio tenía 100 obispos, 200 abades, 500 condes y unos 1000 vasallos reales o caballeros particulares del rey (señores feudatarios), todos susceptibles de contribuir con tropas, daría un número muy grande de tropas, que sin embargo nunca debía reunirse en su totalidad.

imperio
Mapa del imperio Carolingio, al norte de España vemos la “Marca Hispánica”

Así, si cada uno aportaba unos 20 milites a pie o a caballo bien armados y con armaduras, se llega a un ejército de 36.000 hombres, sin contar a la infantería de leva campesina que ocasionalmente podría ser de 3 a 5 veces mayor.

Estos 35 o 36.000 milites constituirían el núcleo del ejército de Carlomagno, constituyendo principalmente una poderosa caballería pesadacuyos hombres estaban dotados de una cara coraza o cota llamada “brunia”, además de lanza, espada, daga, casco y escudo.

Pero era el avituallamiento de las tropas lo que condicionaba el número de hombres que podían acudir a una campaña. En el momento en que un ejército carolingio de 7.000 hombres de infantería y 3.000 de caballería, penetrara en territorio enemigo, y dejase de ser aprovisionado voluntariamente por las zonas donde pasaba, debería necesitar para una campaña de tres meses: 6.000 carros tirados por 12.000 bueyes, los cuales sólo podrían ser alimentados por la hierba de los prados (la avena o el heno se reservaba para los caballos de guerra).

Por ello, según Barbero, la necesidad de prados y agua podía condicionar la habitual estrategia carolingia de dividir su ejército en más de una columna, y también los lugares por donde transitaban (por ejemplo durante la fracasada campaña de Zaragoza). La logística, sumada a la afamada caballería de Carlomagno, sería clave en el éxito de sus campañas.

Por lo tanto vemos que el ejército de Carlomagno en campaña podía llegar hasta los 40.000 hombres perfectamente entrenados y equipados, si bien aunque no llegó el caso, podía en casos de emergencia movilizar más hombres, conformados con tropas formadas por plebeyos o siervos, tropas de escasa o nula formación; con lo que se podía llegar hasta los 120.000 hombres si era necesario.

Lo que bien es cierto que en sus campañas sobre lombardos, sajones o ávaros, Carlomagno no estaba tranquilo respecto al flanco sur de su imperio; ¡efectivamente!, la presencia de los vecinos musulmanes lo inquietaba en demasía.

No obstante tenía unas fronteras naturales que les separaba a los francos de los musulmanes, ¡los montes Pirineos!; esta barrera natural separaba Hispania de la Galia. Pero, ¡claro está!, esta no era una barrera fortificada o guarnecida y de hecho, hacía muchos años, los musulmanes ya la habían traspasado con horror del pueblo franco.

En el año 711 los musulmanes conquistaron el reino visigodo ocupando toda la península Ibérica; pero con el pretexto de que algunos territorios visigodos (concretamente la provincia de Septimania) estaban en el Sureste de Francia, penetraron por los Pirineos para ocupar estos territorios.

En el año 720 con suma facilidad, Septimania fue ocupada, pero como los musulmanes no habían tenido por entonces rival y con el objeto de acrecentar sus territorios para mayor gloria del imperio musulmán, penetraron en el reino franco por el sur.

En el centro de la imagen, guerrero lombardo siglo VII
En el centro de la imagen, guerrero lombardo siglo VII

Los musulmanes hallaron aquí lo que no habían encontrado en la península Ibérica, un pueblo resuelto y un líder de talla; tal líder se llamaba Carlos Martel el cual en el año 732 derrotó decisivamente a los musulmanes en la batalla de Poitiers.

Si bien con esta batalla se detuvo la expansión musulmana, se tardarían unos cuantos años en que los musulmanes abandonaran el Sureste de Francia y traspasaran los Pirineos; sin embargo la cercanía de los musulmanes tan cerca del imperio de Carlomagno inquietaba a su soberano, por lo que decidió ampliar sus fronteras al otro lado de los Pirineos para evitar futuras invasiones sorpresivas.

Carlomagno necesitaba un pretexto para intervenir, ya que no quería penetrar así por así en Hispania; pronto encontró una buena escusa para ello. Un hombre del reino musulmán de Hispania llamado Sulayman ben al-Arabí, que ostentaba el cargo de  “valí” de Barcelona, en el “Califato” del reino de Córdoba, le hizo una propuesta tentadora.

Era el año 777 y este gobernante ambicioso envió una embajada a Carlomagno, a Paderborn, ofreciéndole su sumisión, junto a la de Husayn de Zaragoza y Abu Taur de Huesca; con esto Carlomagno veía que podía establecer con profundidad las fronteras de su reino al otro lado los Pirineos.

Posiblemente el río Ebro, podía ser establecido como frontera natural del imperio Carolingio; este bien guarnecido y vigilado, podía ser la solución al problema musulmán del sur de su imperio franco.

Carlomagno preparó una expedición con un fuerte ejército encabezado por él y penetró por los Pirineos por el valle del Roncal, en el Suroeste de Francia; tras pasar por Pamplona, llegó hasta las puertas de la ciudad de Zaragoza en el año 778, la cual se encontró cerrada a cal y canto en sus poderosas murallas.

Carlomagno entabló conversaciones con el “vali” de Zaragoza llamado Husayn, para resolver el porqué de aquel frío recibimiento, al parecer lo que Husayn pretendía, era una alianza contra el Califato de Córdoba, y en modo alguno someterse a Carlomagno.

Husayn no había prometido la sumisión ni nada parecido, por lo que alegaba que había sido malinterpretado; posiblemente una activación en las negociaciones podía haberse llegado a un acuerdo de alianza que beneficiara a ambos.

Pero Carlomagno no estaba acostumbrado a un trato con medias tintas, el era un emperador y su persona se sintió burlada por su “aliado”, acusó a Husayn de haberlo engañado y rompió toda posible alianza futura entre ambos bandos.

Zaragoza fue sitiada, pero después de un mes, sin perspectivas de éxito y dado que no disponía de material de asedio, (no consideraba necesario llevarlo, ya que no había planeado sitiar a ciudad alguna) Carlomagno se retiró, tomando como rehenes a Sulayman y otros andalusíes notables de su bando.

El emperador Carlomagno
El emperador Carlomagno

También ayudó a emprender la retirada la noticia de que los sajones se habían alzado en armas contra su autoridad, por lo que no podía Carlomagno dejar el gesto sin una pronta respuesta.

Al pasar por Pamplona arrasó la fortaleza, ya que durante la retirada, el ejército de Carlomagno había sido atacado por los vascones en la Navarra central, probablemente instigados por los hijos de Sulayman, Aysun y Matruh ben Sulayman al-Arabí; por lo que como represalia, Carlomagno atacó y arrasó Pamplona, la cual estaba aliada con Sulayman.

Sin embargo al pasar por el angosto desfiladero de Roncesvalles, (el cual comunicaba con la entrada al sur del reino franco) la retaguardia del ejército de Carlomagno se vio súbitamente atacada por una nutrida hueste compuesta por vascones y por los fieles a Aysun y Matruh.

La batalla en sí misma no fue gran batalla, aunque sí muy intensa; desde los riscos y altas alturas, los vasco-musulmanes estaban en una posición inmejorable para atacar a un adversario que no podía maniobrar convenientemente y desplegarse para efectuar una maniobra táctica, estaban los francos impotentes frente a una ataque sorpresivo y sin posibilidad de efectuar una respuesta adecuada.

Una lluvia de dardos y rocas despeñadas cayó sobre los francos de manera intermitente, imposibilitando una retirada ordenada; la gesta de la aniquilación de la retaguardia del ejército de Carlomagno, fue inmortalizada a través de un poema, “El cantar de Roldán”, el cual fue iniciador de lo que en un futuro serían los conocidos como los cantares de gestas caballerescas, muy populares en la Edad Media.

Carlomagno salió abatido de Hispania, no porque la batalla hubiera supuesto un descalabro abrumador a su causa, (efectivamente fue un buen golpe, pero nada desmedido) sino porque entre los muertos de su retaguardia estaba la flor y nata de la nobleza franca, por lo que fue un golpe terrible para la nobleza reinante la muerte de buena parte de sus titulares o descendientes.

Podía creerse que con el fin de la campaña Carlomagno decidiera abandonar una campaña en la que como se ve había corrido tantos peligros y había obtenido poco fruto.

Pero ocurrió todo lo contrario, Carlomagno vio que el flanco sur de su imperio corría peligro si no lo protegía lo suficiente, y ahí estaban los musulmanes representando una amenaza para sus intereses, por lo que sin abandonar otras empresas, redobló sus esfuerzos en mantener el sur de su imperio bien protegido.

Emprendió una campaña, tomando poco a poco territorios en el Noroeste de la península Ibérica; no fue fácil, ya que los musulmanes estaban vigilantes; incluso en contraposición a la “Marca Hispánica” creada por Carlomagno, crearon ellos mismos otra Marca de igual índole, la “Marca Superior Andalusí”, para que les protegiera de los ataques francos.

Guerrero sajón siglo IX
Guerrero sajón siglo IX

Donde más progresos tuvo Carlomagno fue en la región más Oriental, lo que hoy es Cataluña; allí progresó con más éxito, tomando la ciudad de  Gerona en el año 785; los progresos en la parte Occidental fueron más modestos, si bien es cierto, crearon una pantalla protectora que si bien no tuvo el río Ebro como eje protector, dio relativa seguridad a la zona y avanzó al sur todo lo posible.

A lo largo de los años otras ciudad del norte fueron poco a poco cayendo en  poder de los francos, pero en ofensivas limitadas y no ataques generalizados y en profundidad; Ampurias en el 788 o la importante Barcelona en el 801 fueron los logros más destacados de los francos en ampliar la Marca hispánica.

Objetivo importante fue alejar la frontera franca de los Pirineos, para evitar que todo ataque musulmán se realizara atravesando los Pirineos con facilidad; cuando las fronteras estuvieron lo suficientemente seguras o con un cierto grado de relativa tranquilidad, se procedió a reorganizar las fuerzas francas en la zona.

Se crearon una serie de “Condados” a lo largo de la “Marca Hispánica”, cada condado estaba a las órdenes de un “Conde”, el cual representaba el máximo poder militar y civil en el condado encomendado a su custodia.

Con el tiempo se crearon una serie de condados a lo largo de la Marca Hispánica, cuyos nombres fueron:

Barcelona, Besalú, Cerdaña, Conflent, Ampurdán, Gerona, Jaca, Osona, Pamplona, Pallars, Peralada, Ribagorza, Rosellón, Sangüesa, Sobrarbe, Urgel y Vallespir.

El condado de Barcelona fue el más influyente de todos ellos por su importancia; la máxima expansión de los francos en la zona catalana llegó cuando una expedición militar de un hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, realizó en el Noroeste de la península.

Llegó hasta la vecindad de la ciudad de Tortosa, cerca del Llobregat en 801. En 804 y en 810 fracasan dos expediciones para la toma de Tortosa y la contraofensiva islámica le hace retroceder hasta el Llobregat; será este el límite de la máxima expansión franca de la zona.

La Marca Hispánica era por entonces gobernada por un “Duque”; los duques eran los responsables de la vigilancia de ciertas  zonas fronterizas del imperio Carolingio que limitaban con territorios hostiles.

El ejército de Carlomagno, Ilustración por Johnny Shumate
El ejército de Carlomagno, Ilustración por Johnny Shumate

Dichos territorios eran agrupados en “Marcas”, las cuales contenían varios condados, pero aquí los condados no dependían de sí mismos, sino que estaban subordinados a la autoridad del “Duque”.

A demás de la “Marca Hispánica”, existían otras cinco “Marcas” en el imperio Carolingio de Carlomagno como por ejemplo la “Marca Bretona”, fronteriza con el reino vasallo de “Bretaña”, pero que en ocasiones se mostraba hostil a Carlomagno por el carácter levantisco de sus habitantes.

En la Marca Hispánica se sabe que tras la toma de Barcelona, hubo una refundición en los condados constituidos desde el río Ródano hasta el Ebro, los cuales quedarían bajo la jurisdicción del duque de Tolosa.

La vida para los civiles y militares que moraban en la “Marca Hispánica” debía de ser toda una odisea, combinando los días de tedio y aburrimiento con los momentos de sobresalto.

¡Efectivamente!, la vida allí podía deparar muchas sorpresas y no agradables precisamente; la vida en la Marca, una zona altamente militarizada, (sobre todo comparada con los otros condados francos vecinos) y limítrofe a la otra “Marca” del rival, aseguraros para sus moradores una difícil vida y a menudo en tensión constante.

Los movimientos militares en la Marca Hispánica, (salvo la gran expedición del año 778 de Carlomagno) podían dividirse a nivel medio o pequeño; los de nivel medio se podían incluir en las expediciones militares destinadas a engrandecer territorialmente a la Marca, ya que durante todo el reinado de Carlomagno, los movimientos militares fueron constantes, si bien no de gran envergadura.

Las expediciones que tuvieron como consecuencia la toma de Gerona en el 785 o de Ampurias en el 788, mas las expediciones contra Tortosa en el 801, 804 y 810 etc…., demuestran que durante todo el reinado de Carlomagno las luchas en la Marca fueron constantes.

Pero lo más probable es que las operaciones menores entre los dos bandos hostiles fueran las más peligrosas de todas; operaciones de incursión del tipo de “razias”, incursionando en territorio enemigo en busca de saqueo y botín a expensas del enemigo, debieron hacer la vida para hombres y mujeres tremendamente difícil.

La defensa debió descansar en manos de los Condes, ya que una incursión de envergadura de los musulmanes debería haber sido  por el Duque, encargándose este de la coordinación de todas las fuerzas militares disponibles por los condes y las que pudieran reclutar sobre el terreno.

Pero no se tiene noticias de ataque de gran estilo, al menos por parte musulmana, por lo que las incursiones debieron ser a nivel bajo o razia; esto hacía que el condado atacado por una incursión de saqueo musulmana debiera ser repelido por el conde al mando de dicho condado.

Espada de Carlomagno
Espada de Carlomagno

Para repeler al enemigo y dirigir el contraataque o también si la situación se presentaba, para dirigir una incursión de saqueo en territorio enemigo, debió ayudarse además de las tropas disponibles en su haber, con reclutamientos entre la plebe para engrosar sus fuerzas.

La vida en la Marca para el campesinado y el comercio entre sus poblaciones debió ser escasa o muy peligrosa; el poder toparse con una fuerza musulmán de saqueo y sin posibilidad de defensa, hacía que los civiles estuvieran a merced de la voluntad del enemigo.

En el mejor de los casos podían acabar con sus bienes útiles robados o quemados por el enemigo, en el peor de los casos podían ser capturados y vendidos como esclavos o  las mujeres ser violadas y los hombres asesinados y los niños raptados.

Vivir en zonas aisladas era harto peligroso para el civil de la Marca; más aceptable era vivir cerca de la residencia del Conde, lugar bien protegido que si llegaba el caso, podían los civiles refugiarse en su hacienda y colaborar en la defensa de la misma.

Posiblemente la comunicación con los condados del norte debió ser más activa en cuanto al comercio y la posibilidad de recibir suministros, ya que el autoabastecimiento debió ser imposible para mantener a todos sus moradores, dado como dije, ante la imposibilidad de efectuar una siembra y recolección de productos agros debido a las razias musulmanas.

Y esto es a grandes rasgos lo que se puede comentar de la “Marca Hispánica”, una demarcación especial militarizada con un enemigo hostil musulmán por vecino, cuyo cometido era el de frenar las incursiones de los musulmanas en territorio franco, por lo cual debieron llevar sus habitantes una vida azarosa y a menudo peligrosa.

Los civiles intentando subsistir con los magros recursos que la tierra les daba, rezando para que los musulmanes no atacaran sus asentamientos y para los militares llevar una vida de guarnición sumamente aburrida que solo rompía el aburrimiento alguna expedición de saqueo en territorio enemigo o la incursión musulmana en territorio propio, amén de alguna expedición para engrandecer territorialmente la Marca.

Las fiestas, celebraciones religiosas u otro tipo de espectáculos públicos también servían para que durante unos días, la población se olvidase de los días de duro trabajo, monotonía reinante o peor, la incursión de saqueo de alguna fuerza musulmana enemiga.

 Soldados francos siendo atacados en el desfiladero de Roncesvalles año 778

Soldados francos siendo atacados en el desfiladero de Roncesvalles año 778

Blason SPDCR (1)

Anuncios